Olite, Batzán 2026 (8). Nacedero del Urederra

El tercer día nos llevó al Nacedero del Urederra, donde el agua turquesa y el bosque húmedo crean un paisaje casi mágico. Caminamos entre árboles altos, escuchando el sonido del agua y disfrutando de la luz filtrada entre las hojas. Cada poza parecía más bonita que la anterior, y cada tramo del sendero invitaba a detenerse.

El Nacedero del Urederra es la salida natural y mayoritaria del importante acuífero formado en el macizo kárstico de Urbasa. Se produce en la pared, casi cortada, del extremo noroeste del término de Baquedano, a unos seiscientos treinta metros de altitud frente a los más de novecientos que alcanza la cresta superior de dicha pared.

La evacuación del agua de Urbasa ha modelado, en el transcurso de millones de años, la muesca producida en el reborde meridional del macizo y que constituye un anfiteatro rocoso de notable belleza, el fondo rocoso sirve de marco a las impresionantes cascadas que, tras una accidentada caída de más de cien metros, dan vida al río Urederra (de ur: agua y eder: hermosa).

El Nacedero, llamado antiguamente Ubagoa o Ubaba (“boca del agua”), tiene un caudal de cuatro mil litros por segundo en promedio anual, aunque puede alcanzar los cincuenta mil litros, en momentos de fuertes lluvias, y reducirse a trescientos litros durante el estiaje.

La notoriedad del conjunto y la rica comunidad vegetal y animal del paraje justificaron su calificación como Reserva Naturla en 1987. Incluída en el Parque Natural de Urbasa y Andía, forma parte de la red de Espacios Protegidos de Navarra por la riqueza de sus valores medioambientales.

La vegetación dominante es un hayedo calcícola, acompañado por un espléndido bosque de ribera. La variedad arbórea y arbustiva, así como la diversidad de la forma, es muy destacable, pudiendo identificarse en un reducido espacio tilos, robles, serbales, arces, hayas, fresnos, olmos, temblones, sauces, avellanos, espinos, boj y enebros, entre otras especies.

Es destacable la comunidad de aves rupícolas, siendo fácilmente observables buitres, alimoches, halcones, cernícalos, chovas y vencejos. Abundan los paseriformes, como el mirlo acuático, los carboneros, herrerillos y pinzones. No faltan los mamíferos, como el gato montés, la garduña, el tejón o el jabalí.

Aunque la visita es gratuita, es obligatorio aparcar en un parking habilitado a tal efecto en la localidad de Baquedano, previa reserva en la web del paraje. Desayunamos de nuevo pronto y salvamos raudos y veloces la distancia que separa Olite de la pequeña localidad de Baquedano, perteneciente al municipio de Améscoa Baja, cerca de Estella. Fuimos de los primeros en llegar esa mañana. Eso sí, nos sorprenderíamos al finalizar la ruta y contemplar que el parking estaba a rebosar. Tras calzarnos las botas y preparar la mochila, salimos del parking por la zona opuesta a la entrada, atravesando la bonita localidad de Baquedano mientras seguíamos unas flechas pintadas en el suelo de las calles por las que pasamos, que facilitaron el inicio de la ruta tras haber intentado comenzarla por donde no era.

Salimos de la zona urbana y acometemos un ancho carril por el que también volveríamos, transitando por un camino hasta llegar a un portón donde el carril se bifurca. A la izquierda, el camino de ida, a la derecha, el camino por donde volveremos.

Llevábamos ya cerca de un kilómetro andado, y dentro de otro finalizaría el carril por el que nos adentrábamos en el nacedero, llegando a una caseta donde comienza realmente el sendero dentro del bosque de ribera. A continuación, una pronunciada bajada, la mayor de todo el recorrido.

Oíamos ya el rumor del agua. En menos de trescientos metros alcanzamos la primera poza, de un color turquesa intensísimo y de una claridad y limpieza impresionantes. Esta poza, como la mayoría de las otras, está acompañada de su correspondiente cascadita o chorrera que le aporta el agua.

Es maravilloso contemplar cómo el río se pinta de azul turquesa. Es imposible no preguntarse el por qué. La luz y el techo del río juegan con el agua para pintarla de distintos tonos de azul y convertirla en el “agua hermosa” (Urederra) que da nombre al río.

Varios elementos cooperan para que el río se pinte de azules: agua caprichosa que solo refleja una parte de la luz que recibe, distintas profundidades del cauce, presencia de algas y musgos, partículas suspendidas en el agua y un lecho tapizado de carbonato blanquecino que realza los colores.

Hasta la hora del día y la época del año participan también en las distintas tonalidades.

De aquí en adelante seguimos recorriendo la ribera izquierda del río por un sendero bien señalizado por el que no dejábamos de contemplar el juego del agua y escuchar al río.

El camino va ascendiendo y las pozas y cascadas de agua turquesa se van sucediendo, una tras otra, para poder verlas desde varias perspectivas se han acondicionado varias pasarelas de madera, puentes y escaleras para poder acceder a numerosos miradores desde donde se puede admirar este lugar mágico.

Continuamos recorriendo la ribera en sentido ascendente hasta que y nos encontramos con una señal que nos impedía proseguir el camino. Lamentablemente no se puede llegar hasta el último tramo, el Balcón de Pilatos o Mirador de Urbaba, un impresionante anfiteatro kárstico donde realmente nace el río Urederra formando una cascada de más de cien metros de altura. El acceso a este lugar se cerró en primavera de 2019 con la finalidad de preservar y proteger el medio natural y las diferentes especies de fauna y flora de la zona ya que debido a la gran afluencia de turistas se había deteriorado notablemente.

Tras unos minutos de descanso volvimos sobre nuestros pasos y al llegar a una bifurcación tomamos el carril de la izquierda, ya que a la derecha implicaría volver a entrar en la zona de la reserva que ya habíamos visitado. El camino que recorremos atraviesa el magnífico robledal de Baquedano. Lo disfrutamos con tranquilidad, durante unos dos kilómetros, con alguna pequeña bajada y subida hasta que llegamos de nuevo a la cancela y continuamos por el camino común de ida y vuelta. No perdimos la ocasión, alguna, para tomar de postre del almuerzo alguna que otra zarzamora o similar. Atravesamos de nuevo las calles de Baquedano y volvimos al aparcamiento, aprovechando sus instalaciones para cambiarnos de ropa de cara a las visitas que nos quedaban por hacer ese día. Después nos dirigimos a Estella, donde comimos y paseamos por su casco histórico, lleno de vida y de historia. Más tarde visitamos Tafalla, con su ambiente de ciudad viva, y terminamos el día en Ujué, donde la Iglesia Fortaleza se alza como una guardiana del paisaje. Pero esa será ya otra historia.

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