Aunque en principio habíamos descartado contemplar la Cueva de Zugarramurdi, haber dejado completamente visto Elizondo por la mañana nos permitió planificar la visita. Habíamos leído que ara ir en coche desde Elgorriaga hasta Zugarramurdi pasando por Francia, el tiempo de viaje aproximado era de una hora para recorrer los cerca de cincuenta kilómetros que separan ambas localidades. Y nos confiamos. Nos alejamos tranquilamente en el hotel, nos tomamos en la cafetería un agua con gas,… Total, había tiempo de sobra. O eso pensábamos…
La realidad es que llegamos con el tiempo justo a Zugarramurdi. El camino que habíamos elegido resultó ser idílico, paisajísticamente hablando, pero tortuoso y obligado recorrerlo a no muy elevada velocidad. Transitamos por los puertos de montaña fronterizos, cruzamos a Francia (País Vasco francés), atravesamos la carretera D-20 en territorio francés, pasamos por preciosos pueblos fronterizos franceses como Ainhoa o Sare, cruzamos de nuevo la frontera por la carretera comarcal NA-4402 y, finalmente, un cuarto de hora antes de las seis de la tarde, el último acceso a la cueva, llegamos a nuestro destino.
Las cuevas de Zugarramurdi son mucho más que un simple sitio natural. Famosas por su historia vinculada a la brujería y las leyendas locales, estas cuevas atraen cada año a numerosos visitantes curiosos por descubrir un lugar lleno de misterio. Entre una impresionante geología y relatos fantásticos, Zugarramurdi es un destino imprescindible para los amantes de la naturaleza y aquellos que desean sumergirse en las tradiciones vascas.
Las cuevas de Zugarramurdi están íntimamente ligadas a la trágica historia de la brujería en el País Vasco. En el siglo XVII, el pueblo de Zugarramurdi fue escenario de uno de los juicios por brujería más famosos de España. Acusados de participar en aquelarres dentro de las cuevas, varios habitantes fueron juzgados por la Inquisición española en 1610. De los cuarenta acusados, doce fueron condenados a la hoguera, alimentando así la reputación oscura y mística de este lugar.
Estas cuevas eran consideradas un lugar de reunión para rituales paganos, donde las brujas celebraban ceremonias en honor a fuerzas ocultas. Hoy en día, este sitio se ha convertido en un símbolo de la historia local y de la represión de la brujería.
La cueva es el resultado de millones de años de erosión y fenómenos geológicos naturales. Esculpidas por la acción del río Orabidea, que aún atraviesa la cueva principal, estas cavidades se formaron en capas de caliza, creando un paisaje subterráneo espectacular. A diferencia de otras cuevas adornadas con estalactitas y estalagmitas, Zugarramurdi es una cueva abierta, iluminada por luz natural, lo que le otorga una atmósfera particular y facilita su exploración.
La cueva principal mide más de ciento veinte metros de largo y alcanza hasta doce metros de altura en algunos puntos, ofreciendo un vasto espacio para eventos o simplemente para apreciar su grandeza natural. Las paredes rocosas, moldeadas por la erosión, revelan estratos de caliza y formaciones impresionantes, que son testimonio de la historia geológica del lugar.
Además de la cueva principal, varias pequeñas cavidades adyacentes añaden interés al sitio, invitando a los visitantes a descubrir los secretos geológicos del subsuelo vasco. El conjunto se completa con dos galerías más altas, de orientación similar a la galería principal, que se abren a la misma.
Las cuevas de Zugarramurdi han estado rodeadas de leyendas y misterios durante siglos. Según las creencias locales, estas cavernas eran el lugar de reunión de las brujas del País Vasco, donde practicaban aquelarres y rituales paganos en honor a fuerzas ocultas.
Durante las noches de luna llena, estas mujeres, conocidas como “sorginak” en euskera, se reunían para celebrar ceremonias místicas, invocar espíritus y practicar magia. Estas creencias han perdurado, especialmente a través de relatos populares que describen festividades nocturnas con danzas, cantos y sacrificios.
La cueva está particularmente asociada a las celebraciones de San Juan, una fiesta pagana marcada por rituales de purificación. Según la leyenda, estas prácticas llamaron la atención de la Inquisición, desencadenando los famosos juicios por brujería de 1610. Los testimonios de la época, que describen reuniones aterradoras, contribuyeron a forjar la siniestra reputación del lugar.
La visita a las cuevas de Zugarramurdi es una experiencia única que permite sumergirse tanto en la naturaleza como en la historia mística del País Vasco. El recorrido es libre, lo que permite explorar este lugar impresionante a tu propio ritmo. Paneles explicativos se dispuestos a lo largo del sitio, ofreciendo una mejor comprensión de la geología de las cuevas, así como su vínculo con las leyendas locales y los famosos juicios por brujería.
El acceso principal lleva a la cueva principal, amplia e iluminada por luz natural, donde el río Orabidea sigue moldeando su curso. Siguiendo los senderos señalizados, descubrimos varias cavidades secundarias y miradores sobre las formaciones rocosas circundantes. El paseo transcurre en un entorno natural preservado, rodeado de vegetación.
Al salir, regresamos a Elgorriaga pasando esta vez por Elizondo, donde cenamos antes de volver al hotel, ya de noche, con la sensación de haber vivido un día lleno de paisajes, historias y magia.







































