El 20 de junio de 2011, finalizando el primer curso de implantación del Bachillerato de Investigación en el IES «Alcántara», escribíamos («Siempre seréis los primeros»):

El curso toca a su fin. Ya sabemos qué es «ESO» del Bachillerato de Investigación, esa «moto» que alguien (de cuyo nombre seguro no queréis acordaros) os vendió el año pasado por estas mismas fechas. Cada uno de vosotros puede hacer su análisis personal. Este es el mío, no como coordinador, sino como profesor de la materia de Ciencias para el mundo contemporáneo…
En el grupo siempre se ha observado una buena predisposición hacia la materia en sí y el trabajo en general. Después de diez meses se podría matizar algo aquella primera impresión aunque, en líneas generales, el progreso del grupo en su conjunto ha respondido a las expectativas planteadas.
Para no faltar a la verdad, el hecho de contar con dos periodos lectivos a la semana no me agobiaba tras la experiencia vivida hace un par de años. La utilización del cañón de proyección en clase evita pérdidas de tiempo innecesarias que han hecho posible cumplir con lo programado inicialmente, además de ayudar a centrar las ideas principales y permitir la realización de cinco debates muy interesantes. Se corre el riesgo de que algún alumno encuentre una buena excusa para “pensar en sus cosas” (no creo que estén repasando la lista de la compra) y admito que alguna vez me ha parecido escuchar algún tímido ronquido al final del aula (esto es broma, aunque la tenue luz es más que una tentación). Eso sí, el bullicio, en ocasiones, ha sido casi insoportable…
Sé, aunque los alumnos piensan que pensamos que somos los únicos que les damos clase, que tienen un montón de materias más. Pero creo que el ritmo de trabajo en clase ha sido muy llevadero y que han sido pocas las ocasiones en las que les he mandado de un jueves para un lunes algo así como quince actividades del libro de texto. No creo que ninguno pensara que iba a conseguir cuatro puntos por cuatro preguntitas de nada. Hay que asumir que en una enseñanza postobligatoria se les supone una madurez y una capacidad para planificar su trabajo que, por cierto, han demostrado en muchas ocasiones.
En la primera clase me esforcé por dejarles claro a los alumnos que CMC no era una materia optativa (aunque parece que ninguno dio por hecho que no íbamos ni a hacer exámenes, cuatro trabajitos bajados de internet y ya está), más bien al contrario, que se trataba de una materia común. El próximo jueves observaré las caras de mis compañeros en la sesión de evaluación del grupo. Además de conseguir que aprueben todos los alumnos, más de uno pensará que se me ha ido la mano poniendo dieces, nueves, ochos, etc. Y no ha sido así. Se lo han tenido que currar. Me queda el mal sabor de boca de aquellos alumnos que, por un cúmulo de circunstancias, no han obtenido una mejor calificación cuando están más que preparados para ello.
Felicito a los que se han ganado una más que meritoria calificación con su trabajo y les animo a continuar así, al igual que a aquellos que se han conformado con algo menos de lo que son capaces de desarrollar.
Lamento que algunos alumnos hayan decidido abandonar este programa. En todo caso, espero que no tengan que arrepentirse en un futuro no muy lejano.
Y, en todo caso, os deseo la mayor de las suertes el próximo curso. Unos me veréis cinco horas a la semana en el aula, otros diez… a otros me tendré que conformar con saludaros por los pasillos del centro.
Si no pasa nada raro, seguiré coordinando el Bachillerato de Investigación y tendré la suerte de asistir a la exposición de vuestros trabajos, de acompañaros a algún que otro Congreso de Investigadores, de acompañaros en alguna que otra actividad extraescolar (esa ruta científica, ese viaje de estudios).
La experiencia de este año ha sido irrepetible, y no la cambio por nada del mundo. Ha sido todo un lujo ser vuestro profesor.
Siempre seréis los primeros, no lo olvidéis.















