La canción de nuestra vida

Tras dejar escapar su visita al Teatro Circo de Murcia el pasado 20 de abril nos prometimos no dejar pasar la oportunidad de asistir en el Teatro Principal de Alicante al concierto de presentación del “penúltimo” trabajo de Ismael Serrano, “La canción de nuestra vida”, pues ya ha publicado su nuevo álbum, “Sinfónico”, que esperamos que venga también a Murcia, Alicante, o a donde sea que se pueda uno desplazar para disfrutar, en vivo y en directo, de esta pequeña joya musical.

Tras no haber podido asistir finalmente a la presentación de su anterior gira (“Seremos”) en el Teatro Capitol de Cieza el 30 de agosto de 2022 (los avatares del destino), no cumplíamos con la “obligación, entre comillas” de asistir a uno de sus conciertos desde 2018. Algo ha llovido desde entonces.

En este álbum Ismael, junto a sus nuevas canciones, ha incluido sorpresas como la reinterpretación de un viejo tema (“Un muerto encierras”) y alguna versión de un autor admirado (“Burbujas de amor”, de Juan Luis Guerra). Sin embargo, priman esas canciones que se empeñan en encontrar en nuestras pequeñas batallas domésticas esa épica que no siempre somos capaces de ver, esa poesía oculta en las pequeñas cosas.

Los versos de “La canción de nuestra vida” celebran el presente, a pesar de las incertidumbres, y nos hablan del reto que supone crecer, invitándonos a amigarnos con el paso del tiempo. Como dice en una de esas canciones, “Somos hermosos porque somos reales”.

El concierto se desarrolló de manera íntima y austera. En el centro del escenario, Ismael con su guitarra acústica y un micrófono de diadema, de estos que van acoplados y fijos frente a la boca, que suelen ser utilizados por los artistas que se mueven mucho por el escenario y no quieren estar atados al pie de micro. Le acompañaba, a su derecha, Jacob Sureda en el piano y programaciones.

El tono fue acústico y recogido durante toda la velada, formato que siempre le viene bien a la canción de autor, pues así se realza más la verdadera esencia de las composiciones: las letras y las melodías. Tras casi tres décadas de carrera, Ismael Serrano se ha ganado un lugar de honor en este género, a veces tan denostado; sin embargo, nunca ha querido el madrileño acomodarse en los estereotipos que rodean a la figura del cantautor, y en Alicante volvió a demostrarlo.

Comenzó con una canción de este “penúltimo” disco, “Esta no es una canción de desamor”, en la que se ríe de algunos tópicos tristones y derrotistas. El álbum fue el protagonista, como se esperaba, de la noche, aunque Ismael tiene ya un largo camino escribiendo las canciones de la vida nuestras y de sus seguidores, y, lógicamente, no pueden faltar en sus repertorios.

Todo apuntaba a un concierto normal cuando irrumpió el elemento teatral de su nueva propuesta. El cantante anunció que Belén, su productora, se paseaba por el pasillo del patio de butacas, micrófono en mano, para recoger las peticiones y sugerencias que el público quisiera aportar.

Y hubo quien pronto se lanzó al ruego. La primera petición fue “Vértigo”. Más tarde, una madre acompañada de su hija, a la que inició en la música de Ismael en este mismo escenario hace ya, algunos años, pidió “Pequeña criatura”, petición que suscitó el aplauso unánime de todos los presentes. Excusas para que Ismael saliera por jocosas peteneras.

Sin embargo, todo el protagonismo fue para una chica que teníamos sentada en la fila de atrás, que intentó poner en aprietos al cantante “pidiendo que tocara alguna canción alegre”. Tras algún diálogo posterior con el cantautor la sorpresa fue que salió al escenario a acompañarle en lo que quedaba de concierto. Enseguida comprendimos que no se trataba de una espontánea sino, como se encargó de presentar más tarde, de la actriz María Pascual.

El rumbo de la actuación a partir de entonces justificó el micro de diadema, pues los dos construyeron una auténtica obra de teatro, moviéndose por el escenario, con diálogos bien construidos y mucho humor inteligente, que utilizaban para ir introduciendo las canciones.

Con ese hilo argumental que trenzaban, fueron cayendo temas de todas sus épocas, del último disco y clásicos de toda la vida: “Vine del norte”, “Cállate y baila”, “Burbujas de amor”, “Ana”, “Un vestido y un amor”, “Vértigo”, “Me amo”, «Papá cuéntame otra vez«, “Los amantes invisibles”, “La llamada”, «La canción de nuestra vida«… y esa «Pequeña criatura» de la que pudimos disfrutar en los bises. La versión del clásico de Antonio Vega «Lucha de gigantes» puso fin al espectáculo con el público puesto ya en pie.

Si bien es cierto que hubo partes más de teatro que de concierto, y estábamos ávidos de sus canciones, todo fluyó con naturalidad y junto al resto del público disfrutamos, reímos y aplaudimos en esas dos horas, largas, de concierto, en la que pudimos comprobar que la canción de nuestra vida se sigue escribiendo cada día.

Hasta “Sinfónico”.

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