Treinta y cinco años no es nada

Siempre es importante y trascendente, para un docente, un día como este. Un día que, cuando alguien se inicia en la docencia con veinticinco años, parece que no va a llegar, o que falta mucho tiempo para que llegue. Pero, al final, llega. Es cierto que se ha podido retrasar, pero no es menos cierto que llega en un momento en el que deja un buen sabor de boca tras todos estos años, con la satisfacción del trabajo realizado y, por qué no decirlo, todavía con el “gusanillo” de la tiza (tal vez mejor decir de la pizarra digital) tras el inicio de este nuevo curso escolar.

Estoy muy agradecido de haber podido ejercer mi vocación durante treinta y cinco años en tres destinos que llevaré siempre en el corazón: Vera, Cartagena y Alcantarilla. En los tres me he sentido apreciado y a los tres he correspondido con un afecto recíproco. En los tres he compartido docencia con grandes profesionales de la enseñanza y en los tres esa relación ha traspasado los límites de lo profesional hasta convertirse en una sincera amistad. Sería injusto nombrar a unos y dejar en el tintero a otros al escribir estas palabras, pero nunca podré olvidar el trabajo realizado junto a algunos de ellos.

En los tres he ejercido un cargo directivo, el de Jefe de Estudios, que no es el mayor motivo de orgullo. Más bien lo es el haber contribuido a la formación, a la educación, de tantas promociones de alumnos a lo largo de mi carrera docente. Mi máximo empeño siempre ha sido ser capaz de descubrir sus capacidades y desarrollarlas adecuadamente.

El paréntesis de dos años como Asesor Técnico Docente en la entonces Consejería de Educación y Cultura me permitió también trabajar codo con codo con dos grandes referentes en el mundo de la enseñanza, a los que admiro y aprecio. Ellos saben quiénes son.

No puedo dejar de mencionar la enorme huella que ha dejado el Bachillerato de Investigación en los últimos años de mi etapa profesional. Trece promociones, más de trescientos alumnos, y muchos compañeros de profesión que consolidaron este programa de especialización curricular en mi último destino.

Ha sido, precisamente, el alumnado el “generador” de las mayores satisfacciones en todo este tiempo. En primer lugar, en el trabajo diario en el aula, ya sea en las materias específicas de la modalidad de Ciencias impartidas o en las más generales, y optativas, dedicadas a la metodología de la investigación y a la elaboración del prescriptivo proyecto.

También, en la coordinación de proyectos, cincuenta y dos en todos estos años. Ha sido un verdadero lujo trabajar con estas alumnas y estos alumnos en sus proyectos y he sacado muchos aprendizajes de ellas y de ellos en todos los aspectos.

A nivel personal, durante mucho tiempo comenté, sin rubor, que una de mis mayores satisfacciones profesionales había sido la presencia en la fase final del XXV Certamen Nacional de Jóvenes Investigadores celebrado en septiembre de 2012. Los avatares del destino han querido que los últimos días como Coordinador de este programa los pasara, nuevamente, en mi querida Mollina, como tutor de uno de los proyectos finalistas del XXXV Congreso de Jóvenes Investigadores. Un final de película.

Tampoco puedo olvidar el Proyecto IDIES, del que comenzamos siendo participantes como centro y terminé coordinando junto a un maravilloso equipo de personas, comprometidas con los beneficios de la investigación en tantos y tantos alumnos.

Utilizando las palabras de un admirado cantautor, ahora es el momento de volver a empezar; brindemos que hoy es siempre todavía, que nunca me gustaron las despedidas. Seamos sinceros, llevo muy mal las despedidas. Por eso no pretendo detenerme mucho en este aspecto, ya que todo va a seguir su curso normal al margen de las personas que dejamos de estar en activo. Así lo he comentado a todos los que me cuestionaban que por qué no continuaba en esta bendita profesión, aduciendo que he hecho lo que más me ha gustado, enseñar durante tantos y tantos años, tantos y tantos cursos, a tantos y tantos alumnos. Pero he considerado, consideré hace ya algunos años, que este era el momento de “retirarme a mis aposentos” y dejar paso a savia nueva.

Entiendo este momento como un cambio de actividad, y no como inactividad. Vamos a intentar convertirla en transición de una actividad a otra igualmente digna y útil, un tiempo nuevo para metas nuevas. Estoy convencido de que nunca se deja de ser profesor, por el carácter marcadamente vocacional de nuestra profesión, y seguro que voy a tener oportunidades para sentirme como tal.

No puedo terminar estas palabras sin expresar mi más sincera gratitud a la persona que, con su sacrificio personal, ha permitido que desarrolle mi labor profesional durante todos estos años.

Mis mejores deseos para todos los que me han acompañado en esta singladura.

Hasta siempre.

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