Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar 2026 (1)

Las circunstancias, nuestras circunstancias, impidieron realizar en la semana del 8 al 14 de junio de 2026 el ya planificado en varias ocasiones viaje a Navarra. Después de un complicado inicio de semana decidimos “intentar” disfrutar los días 11 y 12 de junio de una escapada por uno de los espacios naturales más singulares de Andalucía: el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Establecimos nuestro campamento base en Las Negras, una pequeña localidad costera que conserva el encanto de los antiguos pueblos pesqueros y que se encuentra rodeada por un espectacular paisaje de origen volcánico.

Las Negras debe su nombre, según diversas teorías, al color oscuro de las coladas volcánicas que caracterizan buena parte de este tramo del litoral. Desde sus calles blancas y tranquilas, el Mediterráneo aparece enmarcado por abruptas montañas áridas que ofrecen una imagen muy diferente a la de otros destinos costeros españoles.

Nuestra primera caminata nos llevó hasta la Cala del Cuervo, situada a escasa distancia del núcleo urbano. El sendero discurre junto a los acantilados y permite contemplar la fuerza geológica que modeló esta costa hace millones de años. La cala, de aguas transparentes y ambiente tranquilo, constituye una excelente muestra de las pequeñas ensenadas escondidas que hacen tan especial este parque natural.

A la hora de comer nos decantamos por un arroz con bogavante en el Restaurante Sotavento, acompañado de sus correspondientes entrantes.

Tras la comida, y ante la imposibilidad de bajar a la playa por el viento reinante, decidimos dirigirnos a Rodalquilar, un antiguo núcleo minero cuya historia está estrechamente ligada a la explotación de oro durante buena parte del siglo XX. Muy cerca se encuentra El Playazo de Rodalquilar, probablemente una de las playas más espectaculares de Cabo de Gata. Su amplia extensión de arena dorada y su carácter relativamente aislado crean un entorno de gran belleza paisajística. En esta maravillosa playa no pudimos más que remojarnos los pies.

Por ello, decidimos acercarnos paseando a las ruinas del Castillo de San Ramón, fortificación defensiva construida en el siglo XVIII para proteger la costa de los frecuentes ataques de piratas berberiscos. Aunque el paso del tiempo ha dejado huella en sus muros, la silueta de la fortaleza continúa aportando un carácter histórico único al paisaje.

Mientras caminábamos junto a las ruinas descubrimos que el verdadero monumento histórico no era únicamente la fortaleza del siglo XVIII. Bajo nuestros pies aparecían centenares de fósiles incrustados en la roca, testigos silenciosos de un mar tropical desaparecido hace millones de años. Aquel paisaje, aparentemente árido y desolado, escondía una historia mucho más antigua que cualquier construcción humana.

De hecho, la zona de El Playazo de Rodalquilar y las ruinas del Castillo de San Ramón constituye uno de los lugares geológicamente más interesantes de todo el Parque Natural de Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. Aquí confluyen dos elementos muy singulares: el origen volcánico de Cabo de Gata y la presencia de antiguos depósitos marinos repletos de fósiles.

Hace entre quince y siete millones de años, durante el Mioceno superior, gran parte de la actual costa almeriense se encontraba sumergida bajo un mar cálido y poco profundo. Mientras la actividad volcánica modelaba el relieve de Cabo de Gata, en el fondo marino se acumulaban sedimentos ricos en restos biológicos.

Con el paso de millones de años, esos sedimentos se compactaron formando rocas calcareníticas y areniscas calcáreas que hoy afloran en numerosos puntos de Rodalquilar. Caminando por los alrededores del castillo, en realidad estábamos pisando antiguos fondos marinos elevados posteriormente por movimientos tectónicos.

Los fósiles más frecuentes de la zona pertenecen a organismos marinos que habitaron aquellas aguas: moluscos bivalvos (similares a almejas y vieiras), gasterópodos marinos, fragmentos de erizos de mar, corales y organismos constructores de arrecifes y restos de algas calcáreas. En algunos estratos pueden apreciarse incluso concentraciones tan abundantes de conchas que la roca parece formada casi exclusivamente por fragmentos fósiles.

Uno de los momentos más memorables de la jornada llegó en el Mirador de la Amatista. Desde este balcón natural se obtiene una de las panorámicas más impresionantes del parque.

Los acantilados volcánicos descienden abruptamente hacia el mar, creando contrastes de colores que van desde los ocres y rojizos de la roca hasta los intensos azules del Mediterráneo. La vista permite comprender por qué Cabo de Gata es considerado uno de los mejores ejemplos de vulcanismo costero de Europa.

Tras disfrutar de las vistas desde el Mirador de la Amatista, continuamos la ruta hacia la Isleta del Moro, uno de los pueblos más emblemáticos y fotogénicos de Cabo de Gata. Su reducido caserío blanco se asoma a una pequeña bahía protegida por un islote de origen volcánico que da nombre a la localidad. El lugar conserva intacta su esencia marinera, con pequeñas embarcaciones de pesca descansando junto al puerto y un ambiente tranquilo que invita a detenerse y contemplar el paisaje.

La historia de este enclave está ligada a la presencia de piratas norteafricanos que frecuentaban estas costas durante siglos, circunstancia que dio origen a su peculiar denominación. Desde el paseo marítimo se obtienen magníficas vistas de los acantilados y de los arrecifes volcánicos que emergen del mar, configurando uno de los paisajes más característicos del parque natural.

Nos habíamos ganado un breve descanso para hidratarnos. Parecía que no pero, a pesar del viento, el sol se nos estaba pegando, y mucho, casi sin darlos cuenta.

La jornada concluyó regresando a Las Negras, donde nos dimos el primer baño en la piscina del hotel, pues el viento dominante ese día lo hacía imposible en cualquiera de las muchas calas que habíamos visitado. Más tarde pudimos disfrutar del ambiente relajado de sus terrazas y del sonido del mar al caer la tarde, tras cenar en una agradable pizzería. Entre paisajes volcánicos, antiguas fortificaciones, pueblos marineros y playas prácticamente vírgenes, este primer día nos confirmó que Cabo de Gata sigue siendo uno de los grandes tesoros naturales del litoral español.

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