Tras algún que otro intento había llegado el día de visitar, después de treinta años, Úbeda y Baeza, Patrimonio de la Humanidad. Nuestras circunstancias personales hicieron que la salida no se produjera el lunes, sino el día siguiente, martes. Minutos después de las siete de la mañana partíamos hacia Úbeda, donde nos alojaríamos. Autovía hasta Baza y cien kilómetros extra de carreteras no tan cómodas hicieron que llegáramos al hotel (RL Ciudad de Úbeda) minutos antes de las once de la mañana, con tiempo para iniciar la visita a la ciudad.
Habíamos barajado distintas opciones de alojamiento, pues Úbeda dispone de una amplia oferta hotelera, con hoteles boutique en el propio centro urbano. Pero la comodidad de poder dejar el coche en el parking (cubierto) del hotel elegido (sin coste adicional al realizar la reserva en su web) inclinó la balanza hacia su platillo, aunque estuviera un poquitín más alejado del centro.
Úbeda es una ciudad de la provincia de Jaén, situada en lo alto de la comarca de La Loma y conocida internacionalmente por su extraordinario legado histórico y artístico. Junto con Baeza, fue declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en 2003, gracias a la riqueza y la excelente conservación de su arquitectura renacentista y a la singularidad de su trazado urbano.
La ciudad vivió su época de mayor esplendor en el siglo XVI, cuando figuras como Francisco de los Cobos, secretario de Carlos V, impulsaron la construcción de palacios, iglesias y plazas que hoy definen su identidad. Espacios como la Plaza Vázquez de Molina, la Sacra Capilla del Salvador, el Palacio de las Cadenas o el Hospital de Santiago convierten a Úbeda en uno de los conjuntos renacentistas más importantes de Europa.
Más allá de su patrimonio monumental, Úbeda es también una ciudad viva, estrechamente vinculada al olivar y a la producción de aceite de oliva, motor económico y seña de identidad del territorio. Su tradición cultural, su gastronomía ligada al producto y su papel como centro comercial y administrativo de la zona refuerzan su carácter de ciudad histórica habitada, alejada de la idea de museo al aire libre.
Ya en marcha, de camino al centro, pasamos junto al Hospital de Santiago, construido entre 1562 y 1576, obra del arquitecto español Andrés de Vandelvira. Concebido como una obra benéfica, comprendía un hospital para enfermos pobres, una iglesia, un panteón y un palacio. Mantuvo funciones hospitalarias hasta el año 1975, siendo actualmente un centro cultural y multifuncional de gran importancia en la vida sociocultural de la ciudad. No fue posible su visita por encontrarse cerrado temporalmente por obras.
Llegamos a la Plaza de Andalucía, uno de los espacios urbanos más vivos y reconocibles de Úbeda, especialmente como centro de la vida cotidiana y comercial de la ciudad. Aunque no es la plaza monumental por excelencia, sí se la considera el corazón de la Úbeda moderna y punto de conexión entre el casco histórico y los ensanches posteriores.
Su origen se remonta a la época medieval, cuando este espacio se situaba extramuros, junto a la hoy desaparecida Puerta de Toledo, y funcionaba como lugar de mercado. Esa vocación comercial se ha mantenido a lo largo de los siglos, algo que todavía se percibe en sus soportales, comercios y cafeterías, que la convierten en un auténtico centro comercial abierto.
Uno de sus elementos más característicos es la Torre del Reloj, antiguo cubo de muralla reformado en el siglo XVI, que durante siglos marcó el ritmo de la ciudad y sigue siendo un referente visual de la plaza. En el centro se encuentra también el monumento al General Saro, obra del escultor jienense Jacinto Higueras, una escultura cargada de historia que ha sufrido distintas modificaciones y traslados a lo largo del tiempo.
Avanzando por la Calle Real llegamos al palacio renacentista Vela de los Cobos. Aunque es una propiedad privada regentada por la familia Sabater desde 1873, puedes visitarla concertando cita previa a través de la Agencia de visitas turísticas SEMER. De esta manera, contratamos un pack que incluía una visita guiada a la ciudad, la entrada al palacio y la visita a la Sacra Capilla de El Salvador, todo ello, por la tarde.
Pasamos por el edificio del Ayuntamiento antes de desembocar en la Plaza Vázquez de Molina, en la que se concentran los más importantes monumentos de interés que constituyen, en conjunto, el mejor ejemplo de arquitectura renacentista existente en toda España.
En ella se encuentran la Colegiata de Santa María, antigua Mezquita Mayor; la Sacra Capilla de El Salvador; el Palacio del Deán Ortega, actual Parador de Turismo; el Palacio Vázquez de Molina, hoy Ayuntamiento; el Palacio del Marqués de Mancera, antiguo Convento de las Siervas de María; el Antiguo Pósito, actual comisaría de la Policía Nacional; y la Cárcel del Obispo, sede de los Juzgados.
La visita a la Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares permite asomarse a uno de los edificios más complejos y sugerentes de Úbeda, tanto por su historia como por su arquitectura. El templo se alza sobre los restos del antiguo alcázar árabe, lo que explica la superposición de estilos y la sensación de estar ante un edificio construido por capas.
Exteriormente, la colegiata presenta una imagen sobria, casi austera, que contrasta con la riqueza histórica que encierra. Al acceder al interior, el recorrido revela un espacio amplio y luminoso, donde conviven elementos góticos, renacentistas y barrocos, fruto de las distintas fases constructivas que se sucedieron entre los siglos XIII y XVII.
Las naves, los pilares y las capillas laterales ayudan a comprender la importancia religiosa y simbólica que tuvo este templo en la ciudad tras la conquista cristiana.
Uno de los momentos más interesantes de la visita es el acercamiento al claustro y a las zonas arqueológicas, donde aún se perciben vestigios del pasado islámico y del antiguo recinto fortificado. Este diálogo entre lo religioso y lo militar aporta una lectura distinta respecto a otros templos de la ciudad, más homogéneos en su estilo.
La colegiata también destaca por su papel histórico como principal templo cristiano de Úbeda durante siglos, escenario de ceremonias religiosas y acontecimientos relevantes de la vida urbana. Más allá de su valor artístico, la visita transmite una sensación de profundidad histórica muy marcada, reforzada por la sobriedad del espacio y su conexión directa con el origen mismo de la ciudad.
Habíamos adquirido una entrada conjunta a la colegiata, al Torreón y la muralla del Portillo del Santo Cristo y a la Iglesia de San Pablo. El Torreón ofrece una mirada menos monumental, pero muy reveladora, de la historia defensiva de Úbeda. Este tramo pertenece al recinto amurallado medieval, uno de los mejor conservados de la ciudad, y permite comprender cómo Úbeda se organizaba y protegía en su etapa de ciudad fronteriza.
Actuaba como elemento de vigilancia y control de accesos, vinculado a una antigua puerta secundaria de la muralla. Su estructura sólida y austera, levantada en mampostería, transmite una sensación clara de funcionalidad militar, muy distinta de la elegancia renacentista que domina otros puntos del casco histórico. Desde este punto se percibe bien la lógica defensiva del trazado urbano, adaptado al relieve y a la necesidad de proteger los arrabales.
Al salir pasamos frente a la Casa de las Torres, uno de los edificios civiles más singulares y reconocibles de Úbeda, y una visita clave para entender la transición entre la arquitectura medieval y el primer Renacimiento en la ciudad. Construida a finales del siglo XV por Andrés Dávalos, condestable de Castilla, el edificio conserva todavía un marcado carácter defensivo, visible desde el primer momento en su imponente fachada.
Su rasgo más llamativo son las dos torres laterales almenadas que flanquean el edificio, elementos propios de la arquitectura señorial tardomedieval, pensados tanto para la representación del poder como para la defensa. Frente a ellas, la portada de estilo gótico tardío, ricamente decorada, introduce ya una voluntad estética más refinada, anunciando el cambio de gusto que se consolidará en el siglo XVI.
En el interior, un amplio patio central articula las distintas estancias, así como salones nobles que reflejan el estatus de la familia promotora. Hoy el edificio alberga la Escuela de Artes “Casa de las Torres”, lo que le aporta una dimensión contemporánea interesante: el palacio sigue siendo un espacio vivo, dedicado a la formación y la creación artística.

















































