Úbeda, Baeza, Jaén 2026 (2)

Llegamos a la Puerta de Granada, uno de los vestigios más interesantes del antiguo sistema defensivo medieval de Úbeda. Formaba parte del amplio recinto amurallado que protegía la Úbeda cristiana tras la conquista, y su nombre procede de la orientación del camino que conducía hacia el antiguo Reino de Granada, lo que le otorgaba una clara función estratégica y simbólica.

Se trataba de una de las puertas principales de acceso a la ciudad, utilizada tanto para el control de personas y mercancías como para la defensa. Aunque hoy no se conserva íntegra, los restos visibles (arcos, lienzos de muralla y estructuras adyacentes) permiten imaginar su antigua importancia dentro del entramado urbano.

Pusimos rumbo a la Plaza Primero de Mayo, en la que se encuentra la Iglesia de San Pablo. Pero antes aprovechamos para contemplar la casa natal de Joaquín Sabina, uno de los lugares más simbólicos y visitados de Úbeda, especialmente para los seguidores del cantautor. El edificio es una casa modesta, integrada en el casco histórico, sin grandes pretensiones arquitectónicas. Precisamente esa sencillez refuerza su valor simbólico: no se trata de un monumento, sino de un punto de partida. En su fachada puede verse una placa conmemorativa que recuerda el nacimiento del músico y poeta.

La Iglesia de San Pablo es uno de los templos más antiguos y singulares de la ciudad, un lugar donde la historia se percibe sin necesidad de grandes gestos monumentales. El templo aparece casi integrado en el entramado urbano, como si siempre hubiera formado parte natural de la vida cotidiana de la ciudad.

Desde el exterior, la iglesia transmite una sensación de sobriedad y solidez. Construida entre los siglos XIII y XIV, San Pablo combina elementos románicos tardíos y góticos, visibles sobre todo en su portada principal y en la estructura general del edificio. No busca impresionar por grandiosidad, sino por equilibrio y armonía, reflejo de una Úbeda recién incorporada al mundo cristiano tras la conquista.

Al cruzar la puerta, el interior sorprende por su austeridad y recogimiento. Se trata de una iglesia de una sola nave, amplia y bien proporcionada, donde la luz entra de forma contenida, creando un ambiente sereno que invita al silencio. Las capillas laterales, añadidas en distintas épocas, muestran la evolución del templo y la devoción de las familias nobles que fueron dejando su huella con enterramientos, retablos y escudos heráldicos.

Uno de los elementos más destacados de la visita es el retablo mayor, de época renacentista, que introduce un contrapunto decorativo dentro del conjunto sobrio del templo.

También resulta especialmente interesante la capilla funeraria de los Salvajes, con su rica decoración escultórica, que evidencia el papel de San Pablo como espacio de prestigio social y religioso en la Edad Moderna.

La capilla del Camarero Vago, también conocida como capilla de las Calaveras, es una de las joyas más singulares de la Iglesia y un magnífico ejemplo de arquitectura funeraria renacentista del siglo XVI. Fue fundada en la primera mitad del siglo XVI por don Francisco Vago, camarero y servidor del obispo Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, una figura clave en la renovación artística de Úbeda en ese periodo. El término camarero no alude a un oficio doméstico, sino a un cargo de confianza y proximidad dentro del entorno episcopal, lo que explica tanto el prestigio del promotor como la riqueza simbólica de la capilla.

La capilla presenta una portada plateresca de extraordinaria calidad, concebida como un retablo en piedra. Su programa iconográfico gira en torno a la muerte entendida como tránsito a la vida eterna, un discurso muy característico del Humanismo cristiano. De ahí la presencia de calaveras, símbolos funerarios y alegóricos que le han dado su nombre popular, integrados en una composición de gran refinamiento escultórico.

En la inscripción del arco de ingreso se recuerda al fundador y se fecha la obra hacia 1535, reforzando la idea de la capilla como espacio de memoria personal, espiritual y social. El conjunto se completa con una reja renacentista de gran calidad, tradicionalmente atribuida a Juan Álvarez de Molina, que separa el espacio funerario del resto del templo y subraya su carácter reservado y solemne.

En su interior se conserva el sepulcro de Francisco Vago y restos de decoración pictórica mural realizados en torno a 1545, vinculados al círculo de Julio de Aquiles, pintor activo también en la Alhambra de Granada. Aunque el retablo original, de estilo plenamente plateresco, desapareció en 1936, la capilla mantiene intacta su fuerza expresiva y simbólica.

Quedaba tiempo antes de la comida para realizar la visita a la Sinagoga del Agua. Al dirigirnos a ella, casi por error, encontramos el Museo de Arqueología de Úbeda, que se encuentra en un edificio del siglo XIV, llamado Casa Mudéjar. Fue inaugurado y fundado en 1973 por Don Rafael Vaño Silvestre, a quien se debe el núcleo del museo.

El edificio, organizado en torno a un patio central con galerías y columnas de piedra, conserva elementos originales como arcos, capiteles y estructuras de madera, lo que convierte la visita en un diálogo constante entre continente y contenido.

El recorrido expositivo se plantea de forma cronológica, desde la Prehistoria hasta la Edad Media, con especial peso de las culturas íbera, romana y andalusí, fundamentales para entender el pasado del territorio. En las salas se pueden ver útiles paleolíticos, ajuares de la Edad del Bronce, cerámicas íberas, exvotos, inscripciones romanas, esculturas, estelas funerarias y restos arquitectónicos procedentes de distintos yacimientos de la provincia de Jaén.

Uno de los espacios más atractivos es el propio patio del museo, donde se exponen piezas de mayor formato, como elementos constructivos romanos y medievales. Este espacio, luminoso y recogido, refuerza el carácter doméstico del edificio y permite una visita tranquila y muy accesible.

Llegamos a tiempo de realizar la última visita de la mañana a la Sinagoga del Agua, uno de los espacios más singulares y evocadores de Úbeda, tanto por su historia como por la forma en que fue redescubierta. Se sitúa en pleno casco histórico, en la calle Roque Rojas, y constituye un ejemplo excepcional del patrimonio sefardí conservado en la ciudad.

El conjunto salió a la luz de manera fortuita en 2007, durante unas obras inmobiliarias en varias viviendas antiguas. Al derribar tabiques y muros aparecieron arcos, capiteles y estructuras medievales que habían permanecido ocultas durante siglos. Tras años de investigación y restauración, el espacio se abrió al público en 2010. Aunque algunos especialistas prefieren hablar con cautela, la mayoría de estudios coinciden en que se trata de una sinagoga medieval, probablemente anterior al siglo XIV, vinculada a la antigua comunidad judía de Úbeda.

El elemento más emblemático del conjunto es el mikve, el baño ritual judío para la purificación espiritual. Se trata de una estancia subterránea excavada en la roca, con una pequeña escalera que desciende hasta el agua, alimentada de manera natural por corrientes subterráneas. El agua, en la tradición judía, es símbolo de renovación y purificación, y su presencia constante da nombre a toda la sinagoga.

La visita permite recorrer varias estancias de gran interés. La sala principal, organizada en tres naves separadas por arcos apuntados, situada por debajo del nivel de la calle. La galería de las mujeres, ubicada en un nivel superior, desde donde las mujeres asistían a los rituales.

El patio porticado, con columnas originales cuyos capiteles en forma de hoja de palmera evocan el simbolismo de la menorá. Y otras dependencias como la bodega y la conocida como sala del Inquisidor, que recuerdan el complejo devenir histórico del lugar.

Más allá de su valor arqueológico, la Sinagoga del Agua es un espacio de memoria, que remite a la importante presencia judía en la Úbeda medieval y a la convivencia, no siempre pacífica, de las culturas judía, musulmana y cristiana. Su atmósfera subterránea, silenciosa y cargada de simbolismo ofrece una experiencia muy distinta a la monumentalidad renacentista del resto de la ciudad.

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