Baeza es otra ciudad histórica de la provincia de Jaén, conocida por su extraordinario patrimonio renacentista. Fue un importante centro político, religioso y cultural durante los siglos XVI y XVII, etapa en la que se levantaron muchos de sus edificios más emblemáticos. Su casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO junto con Úbeda en 2003, conserva palacios, plazas y templos de gran valor artístico.
Además, Baeza está muy vinculada a la cultura y la educación: allí vivió y enseñó Antonio Machado a comienzos del siglo XX. Rodeada de olivares, combina historia, arquitectura y tradición en un entorno profundamente andaluz.
Tras dejar el coche empezamos nuestra ruta por Baeza entrando al casco histórico por la Puerta de Úbeda, uno de los elementos defensivos más representativos del conjunto monumental de Baeza. Tiene origen medieval (siglos XII‑XIV) y formaba parte del sistema amurallado de la ciudad. Su función principal era controlar el acceso oriental de Baeza, en dirección a la vecina ciudad de Úbeda, de la que toma su nombre.
Es una puerta de carácter militar, sobria y sólida, construida en piedra. Presenta un arco apuntado y restos de torres defensivas, lo que refleja su función estratégica más que ornamental. Con el paso del tiempo sufrió reformas, especialmente en época moderna.
Forma parte del conjunto histórico de Baeza, incluido en el Patrimonio Mundial de la UNESCO (junto a Úbeda). Aunque menos monumental que otros edificios renacentistas de la ciudad, es clave para comprender la estructura urbana medieval y la historia defensiva de Baeza.
Nada más cruzar la Puerta de Úbeda tuvimos la sensación de haber viajado siglos atrás al vernos rodeado de estrechas callejuelas empedradas. Dado que algunos monumentos no abrían hasta las once, comenzamos nuestro paseo por el casco histórico de Baeza hasta llegar a uno de los sitios imprescindibles de la ciudad, la Plaza de Santa María, un lugar está lleno de historia en el que se encuentran alguno de los monumentos y edificios más emblemáticos de la ciudad.
A la izquierda, las Casas Consistoriales Altas, con los escudos de armas de Juana la Loca y Felipe el Hermoso en la fachada. En el centro de la plaza, la Fuente de Santa María, que conmemora la llegada del agua a Baeza en 1564 y justo detrás, el Seminario San Felipe Neri, sede Antonio Machado de la Universidad Internacional de Andalucía. Al fondo, la impresionante Catedral de Baeza.
La Catedral de Baeza, oficialmente Catedral de la Natividad de Nuestra Señora, es uno de los edificios más importantes del patrimonio histórico y religioso de Baeza. Se levanta sobre un antiguo templo romano, reutilizado como mezquita en época islámica y consagrado como iglesia cristiana tras la conquista de la ciudad por Fernando III en 1227. En 1249 Baeza se convirtió en sede episcopal, lo que impulsó la transformación del edificio en catedral. Aunque la diócesis se trasladó a Jaén en el siglo XIII, el templo conservó el título catedralicio.
La catedral presenta una interesante superposición de estilos, reflejo de su larga evolución. Románico tardío y gótico en las estructuras más antiguas. Renacimiento en las reformas de los siglos XVI y XVII, especialmente visibles en la fachada principal y en la organización interior. El arquitecto Andrés de Vandelvira, figura clave del Renacimiento andaluz, intervino en diversas reformas, aportando equilibrio y monumentalidad. La fachada principal, sobria y renacentista, está integrada en el conjunto urbano de la Plaza de Santa María.
El interior es especialmente interesante porque refleja, de forma muy clara, la evolución histórica y artística del templo a lo largo de los siglos. Se organiza en tres naves separadas por pilares y arcos, con una planta basilical que combina elementos medievales con reformas renacentistas. La nave central es más amplia y elevada, lo que permite una iluminación natural equilibrada y sobria. Las cubiertas mezclan bóvedas de tradición gótica con soluciones más clasicistas. El conjunto transmite una sensación de austeridad armoniosa, típica del Renacimiento andaluz.
El presbiterio es uno de los espacios más destacados. Está elevado respecto al resto del templo y presidido por el altar mayor, de líneas claras y clasicistas. Destaca la proporción y el equilibrio del espacio, muy en la línea del pensamiento renacentista. La disposición está pensada para realzar la liturgia y la visión del altar desde toda la nave central.
El coro catedralicio, situado en el interior del templo, es uno de los elementos más notables. Posee una sillería de madera de gran calidad artística, con decoración sobria pero elegante. La reja que lo delimita es una importante obra de la forja renacentista, tanto desde el punto de vista técnico como estético. Este espacio refleja la importancia que tuvo el canto litúrgico y la vida coral en la antigua sede episcopal. A lo largo de las naves se abren diversas capillas, muchas de ellas patrocinadas por familias nobles o clérigos. Albergan retablos, imágenes devocionales y enterramientos. Predominan las obras de los siglos XVI y XVII, con estilos renacentista y barroco temprano. Algunas capillas conservan restos arquitectónicos medievales, visibles en muros y arcos. Estas capillas muestran la función funeraria y representativa del templo.
La catedral conserva una sacristía y otras estancias vinculadas al culto, algunas con restos góticos y renacentistas. Estos espacios ayudan a comprender el funcionamiento interno del edificio cuando Baeza fue sede episcopal.
La Antigua Universidad de Baeza, hoy Instituto de Educación Secundaria Santísima Trinidad, es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad y un lugar clave en su historia cultural.
El edificio fue fundado en 1538 como Universidad de la Santísima Trinidad, en pleno auge del Humanismo y del Renacimiento andaluz. Durante los siglos XVI y XVII fue un importante foco intelectual, especialmente en estudios de teología, artes y filosofía, contribuyendo al prestigio cultural de Baeza. La universidad cerró definitivamente en el siglo XIX, tras las reformas educativas liberales, y el edificio pasó a tener uso docente como instituto, función que mantiene hasta hoy.
Desde el punto de vista arquitectónico, el conjunto responde a un Renacimiento sobrio, con influencias clasicistas. Destaca su fachada austera, organizada de forma equilibrada, y su patio interior, que articula el edificio y refleja la tipología universitaria de la época. El conjunto transmite una sensación de orden, serenidad y funcionalidad, acorde con su finalidad académica.
Uno de los espacios más significativos es el aula de Antonio Machado, que se conserva prácticamente tal como era a comienzos del siglo XX. En ella impartió clases el poeta entre 1912 y 1919, durante su etapa como profesor de francés.
El aula mantiene su mobiliario sencillo, la cátedra, los pupitres y una atmósfera austera que evoca la vida académica de la época. Este espacio se ha convertido en un lugar de memoria literaria, íntimamente ligado a la figura de Machado y a su obra más reflexiva y humanista.
La Iglesia de Santa Cruz es uno de los templos más antiguos y singulares de la ciudad, y un ejemplo excepcional de la arquitectura románica en Andalucía, algo poco frecuente en esta región.
Fue construida a finales del siglo XII o comienzos del XIII, poco antes de la conquista cristiana definitiva de Baeza. Está estrechamente vinculada al periodo de transición entre el dominio islámico y el cristiano, lo que la convierte en un edificio clave para entender la historia medieval de la ciudad. El templo presenta una gran sobriedad y un marcado carácter defensivo: planta de cruz latina, de la que toma su nombre¸ muros gruesos de sillería, casi sin decoración exterior; y ausencia de torre monumental; en su lugar, una estructura sencilla y compacta. Esta austeridad refuerza su imagen de iglesia primitiva, ligada a los primeros momentos de la repoblación cristiana.
El interior es igualmente sencillo y recogido. Presenta una nave única con bóveda de cañón y brazos de crucero bien definidos. Destaca el uso de arcos de medio punto y capiteles muy simples, característicos del románico, y la escasa decoración escultórica, lo que potencia la sensación de espiritualidad y recogimiento.
En uno de los arcos del presbiterio que da acceso al ábside, se conserva una antigua imagen representada en forma de fresco: se trata de la «Virgen galactotrofusa», también conocida como Virgen de la Leche, una advocación que la muestra amamantando al Niño Jesús, un tema relativamente excepcional en el arte medieval de Andalucía.
Justo enfrente de esta escena, en la pared opuesta, se representa el Martirio de San Sebastián, otra pintura mural de similar cronología (siglo XVI), también en el mismo entorno del presbiterio.
La imagen de la Virgen de la Leche destaca por su singularidad iconográfica, muy poco común en la Europa medieval tardía, mientras que el martirio de San Sebastián es una representación mítica reforzadora de la tradición piadosa cristiana. Estas pinturas enriquecen el valor artístico y espiritual del templo, mostrando el diálogo visual entre el culto mariano y la devoción a los santos mártires.



















































